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Cuando el sistema ya no puede fallar

En una operación grande el problema rara vez es construir algo nuevo: es cambiar lo que ya está funcionando sin que nadie lo note.

Trabajamos con compañías donde el sistema que vamos a tocar factura todos los días. Eso impone una forma de trabajar: migraciones por fases, convivencia de lo viejo y lo nuevo, y la posibilidad de revertir cualquier despliegue.

No llegamos a proponer reescribirlo todo. Llegamos a entender qué parte está frenando al negocio y a cambiar esa, con una ruta que el área de riesgo pueda aprobar.

  • Migración por fases con convivencia de sistemas
  • Despliegue reversible y ventanas acordadas
  • Integración con ERP, CRM y sistemas heredados
  • Inicio de sesión único contra tu directorio corporativo
  • Registro de auditoría de accesos y cambios
  • Acuerdo de nivel de servicio con penalidades definidas
  • Documentación de arquitectura entregable a terceros

Lo que suele estar detrás de la llamada

Un sistema que ya nadie toca

Funciona, pero cada cambio es un riesgo y la persona que lo entendía ya no está.

Integraciones que se concilian a mano

Dos sistemas que deberían hablarse y un equipo que los sincroniza con archivos.

Cifras que no cuadran entre áreas

El mismo indicador da distinto según quién lo calcule, y nadie sabe cuál es el bueno.

Una auditoría encima

Hay que demostrar trazabilidad y control de acceso sobre algo que nunca se diseñó para eso.

Un proveedor que se fue

Queda código sin documentar y un contrato que vence. Hay que retomarlo sin parar la operación.

Un costo de nube sin explicación

La factura crece cada mes y nadie puede atribuirla a un cambio concreto.

Empecemos por el diagnóstico

Dos o tres semanas para saber qué hay, qué frena y qué cuesta arreglarlo.