Construimos sistemas que otra gente va a mantener. Eso cambia cómo se escriben.
La mayor parte del costo de un sistema no está en construirlo: está en cambiarlo durante los años siguientes. Por eso optimizamos para que el próximo equipo entienda lo que hay, no para entregar rápido y que el problema sea de otro.
Hemos construido y operamos ADN Vortex, una plataforma multiempresa con miles de dispositivos reportando de forma continua. Lo que aprendimos sosteniéndola es lo que aplicamos en los proyectos de nuestros clientes.
Asignamos un equipo y no lo rotamos. El costo de que alguien nuevo entienda un sistema complejo es alto y lo paga el cliente en tiempo, así que lo evitamos.
Cada dos semanas hay algo funcionando en un ambiente que puedes usar. No hay sorpresas al final porque no hay un final lejano.
Repositorio a tu nombre desde el primer commit, documentación de arquitectura y decisiones registradas. Si mañana cambias de proveedor, puedes.
La mayoría de los proyectos que fracasan no fracasan por el código: fracasan porque nadie acordó qué problema se estaba resolviendo.
Ver →La mayoría de las iniciativas de datos mueren en el piloto. Normalmente no por el modelo, sino porque nadie resolvió de dónde salen los datos ni quién mantiene el resultado.
Ver →Una interfaz se juzga con un usuario cansado, con prisa y con el sol de frente. No en una pantalla de presentación.
Ver →Diagnóstico inicial sin costo. Respondemos con un alcance concreto, con costo y fecha.